El impacto del violento ataque ocurrido en Calama sigue extendiéndose a otras regiones del país. A menos de dos semanas del hecho que dejó una inspectora fallecida y varios heridos, nuevas amenazas difundidas en redes sociales obligaron a activar protocolos de seguridad en establecimientos de Valparaíso y Viña del Mar.
Durante el fin de semana, mensajes anónimos comenzaron a circular en plataformas de “confesiones”, generando preocupación en comunidades educativas y autoridades.
Liceo de Valparaíso bajo amenaza
Uno de los casos se registró en el Liceo Eduardo de la Barra, donde una publicación advirtió sobre un posible ataque con arma blanca dentro del recinto.
El mensaje señalaba que un estudiante sería agredido durante la jornada escolar, lo que llevó al establecimiento a activar medidas de resguardo.
La directora del liceo, Lorena Cortés, confirmó la situación e indicó que la amenaza fue recibida a través de redes sociales. Ante esto, se dio aviso a las autoridades y se iniciaron investigaciones.
El establecimiento informó que ya existe coordinación con el Servicio Local de Educación Pública, la Seremi de Educación y organismos policiales, incluyendo la PDI, mientras que Carabineros reforzó la vigilancia en el sector.
Además, se presentó una denuncia ante Fiscalía por la difusión de estos contenidos.
Suspensión de clases en Viña del Mar
En paralelo, el Colegio Mar Abierto de Viña del Mar enfrentó una situación similar, luego de que un mensaje en redes sociales hiciera alusión directa al ataque ocurrido en Calama.
La publicación generó alarma inmediata en la comunidad escolar, especialmente tras la circulación de advertencias que llamaban a no asistir a clases.
Como medida preventiva, el establecimiento decidió suspender la jornada escolar y activar sus protocolos de seguridad mientras se investiga el origen de la amenaza.
Efecto contagio y preocupación nacional
Estos hechos reflejan un fenómeno creciente: la replicación de amenazas violentas en entornos digitales, tras episodios de alta conmoción pública.
Autoridades enfrentan ahora un doble desafío: garantizar la seguridad inmediata en los establecimientos y abordar el impacto de estos mensajes, que amplifican el temor en comunidades escolares.
El caso de Calama no solo dejó consecuencias directas, sino que también abrió un escenario de alerta a nivel país, donde la convivencia escolar y la seguridad vuelven a estar en el centro del debate.
