De acuerdo con el meteorólogo Jaime Leyton, los modelos climáticos internacionales indican que el fenómeno comenzará a manifestarse a partir del trimestre abril-junio, lo que marcaría el inicio de un periodo más lluvioso tras meses de condiciones neutrales.
En el caso de Valparaíso, este escenario se traduciría en un incremento relevante de las precipitaciones durante el invierno, especialmente entre junio y agosto, cuando el fenómeno alcance su mayor intensidad.
Expertos advierten que la región —al igual que el resto de la zona central— podría registrar lluvias por sobre los promedios históricos, con eventos más frecuentes e intensos.
Esto podría generar:
- Aumento del caudal en ríos y esteros
- Riesgo de anegamientos en zonas urbanas
- Posibles deslizamientos en sectores de cerros
Llamado a la prevención
El especialista enfatizó la necesidad de preparación ante este escenario climático, señalando que se trataría de un evento de alta intensidad.
“Hay que estar preparados”, advirtió, destacando que las lluvias podrían incluso extenderse más allá del invierno y alcanzar la primavera.
Efectos positivos y riesgos
Si bien el aumento de precipitaciones podría contribuir a mejorar la disponibilidad hídrica en la región, también implica riesgos para la agricultura local, especialmente en cultivos sensibles al exceso de humedad.
Además, lluvias prolongadas podrían afectar la infraestructura urbana en ciudades como Valparaíso, Viña del Mar y San Antonio.
Las proyecciones apuntan a un 2026 marcado por condiciones climáticas más extremas en la zona central, lo que mantiene en alerta a autoridades y expertos ante un invierno que podría ser uno de los más lluviosos de los últimos años en la Región de Valparaíso.
