El Gobierno de Chile anunció oficialmente el retiro de su apoyo a la candidatura de la expresidenta Michelle Bachelet al cargo de Secretaria General de las Naciones Unidas, marcando un giro relevante en la política exterior del país y en el escenario diplomático regional.
A través de un comunicado emitido por el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ejecutivo explicó que la decisión responde a un análisis del contexto actual del proceso eleccionario, señalando que la dispersión de candidaturas latinoamericanas y las diferencias con actores clave hacen inviable el éxito de la postulación.
“El contexto de esta elección, la dispersión de candidaturas de países de América Latina y las diferencias con algunos de los actores relevantes que definen este proceso, hacen inviable esta candidatura”, indicó el documento.
Con esta determinación, Chile dejará de impulsar activamente la postulación, lo que implica que tanto la Cancillería como las embajadas en el exterior suspenderán las gestiones diplomáticas que buscaban posicionar a Bachelet como candidata viable para liderar el organismo multilateral.
No obstante, el Gobierno también manifestó que, en caso de que la exmandataria decida continuar en carrera de manera independiente o con el respaldo de otros países, Chile optará por mantenerse neutral y no apoyará a ningún otro postulante.
Una candidatura con respaldo regional y trayectoria internacional
La candidatura de Michelle Bachelet había sido oficializada en febrero de 2026 por el entonces gobierno del Presidente Gabriel Boric, en conjunto con Brasil y México, en un intento por consolidar una opción latinoamericana fuerte para liderar la ONU.
La postulación se sustentaba en la amplia trayectoria internacional de la exjefa de Estado, quien fue dos veces presidenta de Chile, directora ejecutiva de ONU Mujeres y Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, cargos que le otorgaron reconocimiento global.
Además, su candidatura se enmarcaba en un contexto histórico: en más de 80 años, la ONU nunca ha sido liderada por una mujer, y solo un latinoamericano ha ocupado el cargo, el peruano Javier Pérez de Cuéllar.
Competencia y falta de consenso regional
El proceso de elección del próximo Secretario General —que reemplazará al actual líder António Guterres al término de su mandato en diciembre de 2026— ha estado marcado por la aparición de múltiples candidaturas dentro de América Latina, lo que ha dificultado la posibilidad de presentar un bloque regional unificado.
Entre los nombres que han surgido figuran autoridades y figuras internacionales de países como Costa Rica, México, Argentina y Barbados, lo que ha fragmentado el apoyo político y diplomático en la región.
A esto se suma que la elección depende en gran medida del respaldo de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, actores clave cuyo apoyo resulta determinante para el resultado final, lo que complejiza aún más las aspiraciones de cualquier candidato.
Cambio de escenario político en Chile
El retiro del respaldo también ocurre en un contexto de cambio de gobierno en Chile. La candidatura fue impulsada originalmente por la administración de Gabriel Boric, mientras que el actual Ejecutivo, encabezado por el Presidente José Antonio Kast, optó por revisar la estrategia y finalmente desistir del apoyo oficial.
Durante las semanas previas, ya existían señales de incertidumbre respecto a la continuidad del respaldo chileno, especialmente tras críticas desde sectores políticos que cuestionaban la conveniencia de mantener la postulación como política de Estado.
Impacto regional e incertidumbre
La decisión de Chile podría tener efectos en la dinámica regional, ya que debilita una de las candidaturas más visibles de América Latina en la carrera por liderar la ONU. No obstante, Brasil y México podrían eventualmente mantener su respaldo, lo que dejaría abierta la posibilidad de que Bachelet continúe en competencia.
En este escenario, el proceso eleccionario se perfila como altamente competitivo y abierto, con un resultado aún incierto y condicionado por complejas negociaciones diplomáticas a nivel global.
