La candidatura de Michelle Bachelet para convertirse en la próxima secretaria general de la ONU entra esta semana en una fase decisiva. La expresidenta de Chile será una de las postulantes que expondrá su visión ante los Estados miembros en los diálogos interactivos organizados por Naciones Unidas, una instancia pública que marca uno de los hitos más relevantes del proceso para elegir al sucesor de António Guterres, cuyo mandato termina el 31 de diciembre de 2026.
Bachelet fue nominada formalmente el 2 de febrero de 2026 y figura entre los aspirantes más conocidos de la carrera, junto con Rafael Grossi, Rebeca Grynspan y Macky Sall. Naciones Unidas publicó su candidatura dentro del proceso oficial de selección, que este año busca definir al próximo líder del organismo para el período que comenzará en enero de 2027.
La exmandataria llega a esta etapa en un escenario políticamente complejo. Aunque inicialmente fue respaldada por Chile, Brasil y México, el gobierno chileno retiró su apoyo oficial en marzo, luego del cambio de administración en La Moneda. Pese a eso, Bachelet decidió continuar en carrera con el impulso diplomático de Brasil y México, mientras intenta consolidar apoyos de cara a las siguientes etapas del proceso.

A la presión por la pérdida del respaldo chileno se suma ahora la ofensiva de sectores republicanos en Estados Unidos. Reuters reportó que el actual embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, manifestó reparos sobre la candidatura de Bachelet y recogió cuestionamientos impulsados desde el Partido Republicano, en una señal que podría complicar su margen de maniobra ante uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, cuya aprobación es decisiva en la fase final.
El calendario oficial de la ONU muestra que Michelle Bachelet abrirá la ronda de diálogos el 21 de abril a las 10:00 de Nueva York, seguida ese mismo día por Rafael Grossi. En estas exposiciones, los candidatos presentan su visión para Naciones Unidas y responden preguntas de los Estados miembros, en un formato que busca dar mayor transparencia a una elección que históricamente se negociaba casi por completo a puertas cerradas.
Después de esta etapa pública, el proceso seguirá en el Consejo de Seguridad, donde se realizan votaciones informales hasta construir un consenso. Solo entonces el Consejo recomienda un nombre a la Asamblea General, integrada por los 193 Estados miembros, para su aprobación final. En la práctica, el punto más crítico suele estar en lograr que ninguno de los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— vete la candidatura.
